La Alpujarra de Almería y Granada.Fiestas, Actividades e Historia de La Alpujarra, Andalucía, España.
FIESTAS Y ACTIVIDADES DE LA ALPUJARRA DESCENSO NACIONAL "AGUAS BRAVAS" RIO GUADALFEO. Lugar de celebración en el río Guadalfeo. 29 abril (siempre ultimo fin de semana de abril). FESTIVAL DE MUSICA TRADICIONAL DE LA ALPUJARRA. Cada año se realiza en un pueblo distinto de la Alpujarra. La última edición, la XXIII, se celebró en el pueblo almeriense de Padules el día 8 de agosto del presente año. JORNADAS TÉCNICAS DE APICULTURA Y IV FERIA ANDALUZA DE LA MIEL. Este evento se organiza en Lanjarón y se ha celebrado el pasado octubre. Para más información contactar con José Orantes, secretario de la Asociación Provincial de Apicultores de Granada. Tlf.: 958771196. "FIESTA DE LA NOCHE VIEJA DE BÉRCHULES". Bérchules (Granada) Se celebra el primer fin de semana de agosto. El motivo de esta celebración fue el famoso apagón de luz q6ue sufrieron el día 31 de diciembre de 1994, que impidió la celebración y el comerse las uvas a los habitantes, posponiéndose al mes de agosto para que estuviesen de nuevo todos los familiares de los vecinos del pueblo. Este acontecimiento, se ha convertido en tradición, tomarse las uvas en agosto y participar de una celebración navideña en pleno verano. Más información en el Ayto de Bérchules. Tlf.: 958 769001
FIESTAS POPULARES TÍMAR. El 15 de agosto con la Asunción de María y el 19 de Junio con el Señor de la Ascensión. NARILA. Fiestas de Santa Rita (22 Mayo). Fiesta de San Roque (16 de Agosto). CADIAR.
LA ALPUJARRA, SIGLOS DE HISTORIA (*) Tal vez los primeros hallazgos de civilización presentes en la Alpujarra sean los del período del Neolítico, que está representado en la Alpujarra con el desarrollo de la agricultura, la ganadería, el empleo de la cerámica y el tejido. Precisamente de estos instrumentos han aparecido valiosos objetos en localidades como Almegíjar y Murtas. Del periodo del Neolítico Tardío (3.450 antes de Cristo) es la Cueva de los Murciélagos de Albuñol, situada en la sierra litoral de la Contraviesa. Entre el 1900- 1800 antes de Cristo. surge la Edad del Bronce, periodo del que también se han encontrado restos en la Alpujarra, como fragmentos de cerámica y de utensilios de plomo y bronce, así como monolitos de gran tamaño. Siguen corriendo los siglos y aparecen los tartesos. La economía tartésica se sustenta básicamente de la metalurgia y del activo comercio de la misma. Entre sus principales centros mineros estaban los de la Contraviesa. De fenicios a romanos En el siglo VIII antes de Cristo llegan a las costas andaluzas los fenicios. Eran hábiles navegantes y comerciantes y entre sus industrias destaca la fabricación de bronce, púrpura, cristal y joyas. Fue el primer pueblo que entabló relaciones comerciales con las colonias autóctonas del Mediterráneo y los posibles fundadores, entre otros, de pueblos como Adra. Los cartagineses, herederos de los intereses comerciales fenicios, establecieron también prósperas industrias en la comarca de la Alpujarra. Aproximadamente en el año 218 antes de Cristo aparecen los romanos en la Península, como consecuencia de la segunda Guerra Púnica contra los cartagineses. Del paso de los romanos por la Alpujarra poseemos abundantes testimonios, procedentes sobre todo de la Alpujarra Baja, en pueblos como Adra, Dalías y Berja. En la Alpujarra Alta son más escasos y pobres los vestigios que los romanos nos dejaron. Quizás la disposición del terreno, constituido por empinadas laderas de difícil acceso y activa erosión, provocara, con el paso de los siglos, la paulatina desaparición de los restos arqueológicos correspondientes a los romanos. Las poblaciones y las comarcas de la Alpujarra Media y Baja se beneficiaron de la red de calzadas construidas por los romanos. En la Alpujarra, el legado romano no es muy extenso. Se traduce en la construcción de la Vía Hercúlea, en honor a Hércules (construida cerca del mar en el camino que supuestamente recorrió este personaje hasta Gibraltar), algunas ruinas del poblado romano de Murgis y otras en el Campo de Dalías, en las cercanías de Órgiva y en Torvizcón; el Puente Romano de Mecina Bombarón y poco más. Además, se cree que una buena parte de la infraestructura de regadíos y sendas fueron construidas en esta época. Árabes Pero, sin lugar a dudas, el pueblo que mayor huella ha dejado de su paso en la Alpujarra ha sido el árabe. Es precisamente con este pueblo cuando aparece el nombre de la Alpujarra, escrito por vez primera en una crónica árabe de la época. En una comarca tan abrupta como la Alpujarra, la introducción de los llegados del norte de África tardó algunos siglos, siendo su población mozárabe (cristianos en territorio musulmán) muy importante en tiempos del Califato. A partir del siglo XI, la Alpujarra tiene cada vez mayor protagonismo, debido en parte a la importancia comercial que adquirió el nuevo Puerto de Almería. En el contexto general de las revueltas protagonizadas en los primeros siglos de ocupación árabe, la Alpujarra asumió un papel muy destacado, especialmente lugares como los castillos de Juviles o Murtas que fueron los focos más obstinados de resistencia por parte de los cristianos a juzgar por los relatos que se han conservado. Se tiene por seguro que los asentamientos almohades alcanzaron cierta importancia en la comarca. Por ejemplo han aparecido restos de cerámica almohade de gran interés en el yacimiento alpujarreño de Bordomarela (Torvizcón). Ya en la época de la corte nazarita, la Alpujarra va a tener gran protagonismo, viviéndose incluso en la misma importantes episodios bélicos de la guerra de asedio a Granada. Así, los nazaríes ofrecen resistencia a las tropas castellanas en el puente de Tablate, puerta de entrada a La Alpujarra, y en Lanjarón. Fernando el Católico conquistó estos lugares, invadiéndose la Tahá de Orgiva. Cuando Boabdil llega a un acuerdo final de capitulación con los Reyes Católicos y las tropas cristianas entran en Granada en enero de 1492, se pacta la "concesión de mercedes por parte de los Reyes para siempre jamás a Boabdil, consistentes en las tahás alpujarreñas de Berja, Dalías, Marchena, Boloduy, Lúchar, Andarax, Ugíjar, Orgiva, Poqueira, Ferreira y Xuviles, con todos los derechos y pechos de sus pueblos con excepción de Adra". La Alpujarra y los territorios de la costa granadina quedaron incluidas en lo capitulado, ya que los emires poseían bienes y haciendas en los mismos y Boabdil los recibió al firmarse la rendición de Granada en 1492, poseyéndolos hasta su salida definitiva hacia el norte de África en 1493. Boabdil y los suyos, tras abandonar Granada, parten pues hacia La Alpujarra y fijan su residencia en Andarax. La convivencia entre mudéjares y cristianos en el Reino de Granada y en las Alpujarras, a partir de 1492, se hizo realmente difícil al principio, y más adelante insostenible. A los vencedores castellanos lo único que les preocupaba era la conversión de la población musulmana a la fe cristiana. Como consecuencia se inicia la rebelión mudéjar en diciembre de 1499, que prendió con gran virulencia no sólo en Granada, sino en la Alpujarra y en la zona de Almería. La opresión por parte de la corona al pueblo mudéjar se hizo inaguantable y en1568, el grupo de los Valoríes proclama como rey a Abén Humeya y éste asume las primeras acciones preparatorias de la gran rebelión que duraría una año y cinco meses, aproximadamente. La Alpujarra, con la Tahá de Xuviles como principal instigadora, fue la primera en levantarse, y aquí los moriscos se hicieron fuertes durante todo este tiempo hasta que fueron vencidos y expulsados definitivamente de la Península. Las cruentas batallas tendrán fin en 1570, año en que Felipe II decretó la expulsión de los moriscos que vivían en estas tierras. Se produce entonces una despoblación casi total de esta comarca. Con el objeto de paliar los efectos económicos negativos, se inicia una repoblación y reparto de tierras con gentes del norte de la península (castellanos, gallegos ...) hacia los siglos XVI-XVII. La mezcla cultural dará una identidad propia a la Alpujarra, con una riqueza proverbial única. El momento más fecundo será en los siglos XIV-XV, con una formidable producción de sedas, productos de huerta, vino, frutos secos, esencias aromáticas, ... que salen hacia el interior o al mar, en muchos casos como pago de impuestos de los reyes nazaríes a los castellanos. Con la expulsión de los moriscos se aprecia un gran cambio en todos los aspectos, como el descenso de la industria sedera, cultivos en retroceso, etc., produciéndose el desgaste ecológico y económico de la zona, con cultivos extensivos de cereales de manos de los nuevos colonos, adaptados a otros sistemas de cultivo agrícolas y ganaderos. Época moderna A partir del siglo XVIII cada pueblo de la Alpujarra organiza de nuevo la red de bancales, restaurando antiguas acequias y albercas, consumiendo sus propias frutas y hortalizas, levantando molinos de harina, talando la madera, tejiendo, etc. En definitiva, una tendencia al autoabastecimiento y a la economía de subsistencia. A finales del siglo XIX y principios XX se produce de nuevo "la fiebre por los metales" alpujarreños, siendo varias empresas extranjeras y nacionales quienes vuelven a plagar de minas la comarca, aunque este esplendor duró poco. Con la llegada de la industrialización y el auge del turismo de sol y playa, se produce un gran proceso migratorio de la población alpujarreña, que se va buscando mejoras en su calidad de vida. En las últimas décadas del siglo XX se produce una vuelta de los emigrantes, -aunque los hijos no suelen retornar-, las tendencias al consumismo hacen que los habitantes de la comarca abandonen de una forma radical la autosuficiencia, y hay un fuerte auge de sectores económicos como el turismo, la artesanía y la construcción. La declaración de espacios protegidos (Parque Natural y Nacional), la entrada de nuevos colonos nacionales y extranjeros y la introducción paulatina de las nuevas tecnologías y de entidades y asociaciones que promueven la conservación de los valores culturales y las iniciativas de desarrollo sostenible marcan el desarrollo de la Alpujarra, comarca en la que el turismo rural adquiere un gran protagonismo. Hoy en día, la Alpujarra es una de las comarcas más de moda, no sólo de Granada sino de toda Andalucía. El turismo está marcando de una manera muy importante el desarrollo de sus pueblos, que cuentan cada vez con mayor número de establecimientos dedicados a la hostelería. La Alpujarra, un lugar donde comer Todas las personas que visitan la Alpujarra tienen motivos más que suficientes para quedar sorprendidas y con ganas de repetir su visita a esta popular comarca. Pero además de su bello enclave y la grandiosidad de su paisaje, la gastronomía alpujarreña es un claro reclamo para acercarse a los pueblos de la zona. Visitar la Alpujarra y disfrutar de la rica gastronomía de la comarca es una muestra de tener gusto por el buen paladar. Las especialidades alpujarreñas que se pueden degustar incluyen el puchero de cascarones, el potaje de San Antón o las gachas-tortas, entre otras especialidades, sin olvidar las sopas, los pucheros, las migas y masas, ensaladas y entrantes, carnes y embutidos, y postres. Destacan también las salsas con las que se acompañan a muchos platos, como el ajillo con las carnes de choto, conejo, cerdo o asaduras, a base de almendras, pan, pimiento seco y distintas especias. Otro plato fundamental es el "empedrao", un arroz con habichuelas blancas y diversos acompañamientos, sobre todo longaniza y bacalao. Los platos alpujarreños se basan fundamentalmente en los productos agrícolas y ganaderos que se dan en la zona, aunque la exquisitez de los platos está en el saber hacer del cocinero que los prepara. La gastronomía está influenciada por la diversas culturas que se han sucedido en la comarca, siendo en época islámica, a causa de la mezcla cultural, cuando se produce un mayor auge. Después se mezclaría con los gustos y recetas de los repobladores gallegos, navarros, etc. La Alpujarra ha sido comarca habitada, desde muy antiguo, por diferentes culturas y civilizaciones que han dejado su huella en la gastronomía de la comarca. Consta, incluso, que los aborígenes de las cavernas alpujarreñas consumían ya cereales, frutas, miel y hasta cerveza. Desde la cultura romana el consumo del aceite, del centeno y del trigo, de la carne procedente de la caza, del pescado fresco o sazonado en las factorías de Adra y de los frutos secos, fue una práctica generalizada en la Alpujarra. Una de las comidas preferidas de los moriscos era el "alcuzcuz", una especie de pasta de harina y miel reducida a granitos, y cocida al vapor del agua hirviendo. Descendientes directas de este plato son las migas, ya sean de pan o de sémola de trigo, que se acompañan con las llamadas pringues de la matanza. Los moriscos, a pesar de no comer la carne de cerdo ni las carnes sin sangrar, tenían en su dieta ricos productos como las habas frescas o hervidas, las alcachofas, queso, miel, buñuelos, alfajores, turrón, arroz, higos, pasas, hortalizas y frutas, almendras, aceitunas, cordero, etc. Solían acompañar sus comidas con naranjadas y limonadas, frutas del huerto mediterráneo muy apreciadas por los musulmanes de todos los tiempos. El aceite, el trigo y la fruta son componentes esenciales de la gastronomía alpujarreña de todos los tiempos, pero el primero se considera una bendición divina, cuya privación es un castigo, y cuya abundancia es signo de prosperidad y felicidad. La cocina alpujarreña sería inconcebible sin el aceite de oliva, producto esencial para platos como los garbanzos, ensaladas, sopa de ajo, potajes, picatostes, leche frita, migas de pan o de harina, roscos, buñuelos, tortas de lata, hornazos, pan de aceite, etc. El Majado Todo el arte del majado, de tradición morisca, se ha desarrollado en la Alpujarra con una habilidad y destreza singulares, utilizando para ello almireces y morteros. Es una práctica gastronómica que se remonta a la Roma de Virgilio. El pan y la harina constituyen el obligado acompañamiento de la gastronomía comarcal desde la época romana hasta hoy. Sabemos que se atribuye a los egipcios la elaboración del primer pan y a los romanos el establecimiento de las primeras panaderías. En La Alpujarra continúa la tradición, heredada de hispanorromanos y mozárabes, de elaborar pan y de introducir en la comarca otras recetas con la harina como ingrediente fundamental: gachas, buñuelos, migas, etc. Con la llegada de los repobladores en 1572 se introducen otros hábitos culinarios procedentes de Castilla, Andalucía, Extremadura, Levante y Galicia. Entre las ensaladas más típicas de la Alpujarra se encuentran el remojón, el salpicón, el moho de Ugíjar, (realizado con aceitunas negras y bacalao y, el lindo de Laroles (con aceitunas negras, bacalao y otros ingredientes como las hortalizas secas). Entre las sopas destacan las de ajo, de habas, de espárragos, gazpachos y ajo blanco. También hay tortillas muy conocidas como las de patatas, de collejas, de presules (guisantes), de tallos de ajos o de orejones. Pero, entre todos los platos, los pucheros y ollas tienen un lugar preferente. Así, están los pucheros de bacalao, pucheros de hinojos o de cardos, el guisote de collejas, la cazuela de habas, las talvinas elaboradas con leche o la Olla de San Marcos de Laroles. Pero al hablar de la gastronomía alpujarreña, no podemos olvidarnos de las carnes y embutidos. Desde los populares jamones hasta las carnes de cordero, choto, aves y caza, se abre una rica muestra de embutidos y productos cárnicos que acompañados de salsas como la del ajillo, la enfritá o escabeche son un auténtico manjar. Otros platos conocidos son el ajo cabañil, ajillo de espárragos trigueros al comino, el puchero de coles, el potaje de orejones y calabazas, la olla gitana, las gachas de leche con costrones, gachas de verano, gachas picantes, gachas de caldo "colorao", las migas Alpujarreñas con engañifas, migas de sémola, las "papas" a lo pobre, "papas aliñás" o tortilla de orejones, sin olvidarnos de las habas con jamón, el llamado arroz liberal, las truchas con jamón y choto al colorín. Pero, sin lugar a dudas, uno de los productos más conocidos y populares de la Alpujarra es el jamón, y en especial el que se cura en la localidad de Trevélez, el pueblo más alto de España. El jamón de Trevélez está dentro del grupo de jamones de capa blanca de más alta calidad y curación, comparable a cualquier jamón con Denominación de Origen. El total de jamones de Trevélez suponen el 3% de las ventas nacionales de jamón curado. Dulces La repostería alpujarreña también es rica, variada y muy apreciada por todos. Además de las frutas de cada temporada, -como las cerezas, manzanas, caquis, melocotones, brevas e higos, uvas o naranjas que se producen en la zona-, los postres más característicos son los basados en la más pura repostería morisca que mezclaban con sumo arte los huevos, la harina, el azúcar, la miel y las almendras. Así, tenemos bocados tan dulces como los soplillos, cuajadas, yemas, almendrados, turrón de almendras y miel, el pan de higo o el bollo de higo y el queso de almendras. Platos conocidos de la comarca son también el arroz con leche y con leche de almendra, natillas, leche frita y bizcochos, los buñuelos, panes y bollos de aceite. No faltan los dulces relacionados con festividades de la Alpujarra como los mantecados y repostería navideña, los hornazos o roscos de San Marcos. Todos estos dulces se completan con otros como pebetes de calabaza, pan dormido y pan de mosto, el llamado potaje de castañas, la calabaza en almíbar, los roscos de vino fritos, de manteca, de migas, de anís, con baño de huevo y de hojarascas, la tarta de almendra o los denominados mulhacenes. Las costumbres populares de la Alpujarra La Alpujarra es, sin lugar a dudas, una de las comarcas andaluzas más rica en costumbres populares. Desde sus fiestas hasta las míticas creencias que aún conservan muchos de sus habitantes, la Alpujarra se convierte en una tierra mágica digna de ser descubierta. Al sur del imponente macizo montañoso de Sierra Nevada, se encuentra La Alpujarra, una de las comarcas más conocidas de Andalucía. Durante siglos, fue lugar de convivencia entre musulmanes que aprendieron a cultivarla mediante un sistema de bancales y terrazas. Pero del paso de culturas y distintos pueblos por estas tierra, los alpujarreños han heredado no sólo sistemas de cultivo y regadíos, sino muchos otros usos y costumbres que han ido conformando poco a poco su forma de ser. La comarca de la Alpujarra incluye 48 municipios, cuarenta de ellos pertenecientes a la provincia de Granada y los ocho restantes a la de Almería. En 50 kilómetros se desciende desde más de tres mil metros hasta el nivel del mar, con los consiguientes cambios climáticos y vegetativos que ello conlleva, pudiéndose encontrar desde las pistas de nieve de Sierra Nevada hasta las cálidas aguas del mar mediterráneo. A lo largo del recorrido una desarrollada agricultura que incluye cereales, judías, patatas, castaños y cerezos, mezclada con plantaciones de olivos, naranjos, viñedos e incluso frutos tropicales donde abundan el chirimoyo, el plátano y el aguacate. Todo esto ha marcado profundamente la forma de ser del alpujarreño. Fiestas y costumbres Las fiestas patronales que se celebran en cada pueblo de La Alpujarra las organizan normalmente (exceptuando en los núcleos de población mayores en que lo hacen los ayuntamientos) los llamados "mayordomos" de cada pueblo. Los mayordomos se suelen elegir cada año, y su función principal es conseguir que la fiesta sea mejor que la del año anterior. Realizan durante todo el año de forma voluntaria y altruista, rifas, sorteos y peticiones al ayuntamiento y otras entidades del pueblo para costear todos los gastos de las fiestas, como la contratación de bandas, las verbenas o los fuegos artificiales. Además de las fiestas patronales existen en los pueblos de la Alpujarra otras fiestas dedicadas a distintos santos, e incluso fiestas como las llamadas del emigrante, de los quintos, del carnaval, etc. La Alpujarra celebra infinidad de fiestas que proporcionan un verdadero tesoro costumbrista, como la Fiesta de Moros y Cristianos o el Entierro de la Zorra. Entre las fiestas de moros y cristianos destacan las que se celebran en pueblos como Laroles, Albondón, Bubión, Murtas o Trevélez. La riqueza folclórica de la Alpujarra se complementa con su rica cultura musical en la que se destacan los villancicos mozárabes, romances, bailes de candil, bailes y cantares de ánimas, con claras reminiscencias moriscas, temporeras y cantos muleros, o el Trovo, la composición poético-musical más emblemática de La Alpujarra y la cual consiste en improvisar las canciones sin perder el compás y contestando las estrofas de otros cantantes. Conocidas son en Cádiar las Fiestas de San Blas el 3 de febrero, las de San Marcos (con la degustación de los tradicionales hornazos el 25 de abril), o la Feria de Otoño en honor al Cristo de la Salud, en octubre, -muy conocida como la Fiesta del Vino-. En Capileira destaca la Fiesta de Nuestra Señora de la Cabeza (el último domingo de abril) y el llamado "Entierro de la Zorra y los Diablillos". En Laroles son muy importantes las fiestas de moros y cristianos. El día 6 de enero comienzan las fiestas patronales de Laroles, con una procesión hacia la ermita para bajar a los santos patrones a honrarlos en la iglesia. En la bajada, popularmente conocida como la "Procesión de los Manchos", dos largas hileras de fieles se alumbran con manchos o antorchas de esparto. Pero lo más característico de estas fiestas es la "guerrilla" entre moros y cristianos, en un paraje llamado "El Ejido", parte de la representación que se lleva a cabo entre el 17 y el 20 de Enero. En esta localidad también es muy importante la Fiesta de San Marcos, fiesta de primavera por excelencia y en la que destaca la procesión con el santo que lleva una gran rosca de pan en la mano. Un dato curioso es que los animales también reciben un rosco, al igual que las personas. "La Olla de San Marcos" también es parte de esta fiesta, y consiste en un guiso de cardos, hinojos, patatas, arroz, tocino, morcilla, etc. que se cocina en los patios y plazas. San Marcos también es muy festejado en otros pueblos como Mairena, Berchules o Carataunas. En Lanjarón se celebra la Fiesta de San Sebastián el 20 de Enero; la Fiesta de la Virgen del Rosario el 7 de Octubre; y sobre todo la "Fiesta del Agua y del Jamón", la noche de San Juan el 24 de Junio, cuya conmemoración incluye una colorista "carrera del agua" en la que los jóvenes corren por las calles del pueblo mientras desde los balcones se les arrojan cubos con agua y se les riega. En Mairena es muy festejado el Cristo de la Luz, el fin de semana mas próximo al 18 de septiembre. Es el patrón de Mairena y lo más destacado de estas fiestas es la procesión, en la que son costumbre los cohetes y tracas colocados por las calles. En Murtas las fiestas coinciden con la celebración de la Santísima Cruz los primeros días de mayo y fiestas en Honor a San Miguel en septiembre. Las fiestas en Murtas siempre acaban con comidas multitudinarias a base de migas y engañifa regadas con buen vino de la zona. En Pampaneira también se celebran con grandes fiestas las cruces de Mayo, así como el "Entierro de la Zorra". Pero no son éstas las únicas fiestas que destacan en la Alpujarra. Hay muchas otras más, la mayoría en honor a los patrones o santos venerados en cada pueblo. Así se celebran en Albondón las fiestas de San Luis en agosto; en Albuñol las de San Patricio en marzo; en Almegíjar las del Santo Cristo de la Salud en septiembre o la Romería de San Pantaleón en junio; en Bubión y Juviles las de San Sebastián; en Busquístar las de San Felipe. Como se ve por sus fiestas, el alpujarreño es persona religiosa, pero a la par también cree en fenómenos como la lectura de la taza de café, de la ceniza del cigarrillo y el tabaco y la lectura de las cartas. Según su concepción en estas artes adivinatorias se hacen predicciones del futuro. Los agüeros y las supersticiones abarcan temas variados como el amor, la salud y otros. Así, entre sus supersticiones están algunas como si "La mariposa negra, muerte de alguien", "La escoba al revés detrás de la puerta, para ahuyentar la visita", "Enterrar un hueso de muerto en la habitación para alejar a los enemigos y mejorar los negocios" o "La herradura detrás de la puerta para hacer prosperar el negocio". El alpujarreño está muy apegado a sus tradiciones, creencias y mitos, y esto ha valido para que por medio de la tradición oral se mantengan casi intactas las leyendas, acontecimientos y costumbres. Mitos, leyendas y tradiciones de diversos géneros, hallan inmortalidad en el sucesivo recuerdo de los ancianos y en la consagración que a estos temas dedican los devotos del pasado. La tradición oral se ha encargado de perpetuar este acervo cultural que hace parte de la idiosincrasia de cada pueblo. Una tierra para soñar Tres colores destacan en la Alpujarra: el verde de su paisaje, el azul del cielo, el mar al fondo, el blanco de sus pueblos y la nieve próxima. Pocas comarcas han sabido conservar la belleza y el misterio como la Alpujarra. Pocos pueblos han sabido conservar claramente intactas sus costumbres, tradiciones o formas de vida como lo han hecho sus gentes. Lo que más llama la atención de la Alpujarra es su peculiar estructura urbanística, especialmente en pueblos como Pampaneira, Bubión, Capileira o Trevélez. Son pueblos construidos escalonadamente, con calles angostas, empinadas y un dominante color blanco en sus casas, construidas con tejados planos. La Alpujarra se desparrama por el sur de Sierra Nevada. Su entorno físico, con Sierra Nevada como marco especial, ha sido declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco, Parque Natural y Parque Nacional, sobre todo por sus endemismos botánicos y su particular ecocultura. Al norte el Mulhacén le sirve de vigía y al frente el mar y las costas de África son su espejo. En un día claro desde la Alpujarra se pueden ver hasta las montañas Rif de Marruecos. Cincuenta kilómetros separan el punto más alto, el Mulhacén con sus 3.478 metros, de la franja litoral granadina. Entre ese espacio se asienta la Alpujarra. La Alpujarra se sitúa en el espacio comprendido entre la vertiente meridional de Sierra Nevada y la Costa Mediterránea, entre la divisoria de aguas de la Sierra de Lújar y Gádor. Desde el punto vista estructural, la Alpujarra es un gran sinclinal de orientación Este-Oeste, que forma un gran valle longitudinal. De esta depresión de unos 100 km. de largo fluyen los ríos Guadalfeo, Andarax y Adra hacia el Sur. Es una abrupta región montañosa, de increíbles paisajes accidentados, salpicados de contrastes: como resultado de la secuencia climática y altitudinal se pueden contemplar desde los paisajes alpinos de Sierra Nevada hasta los de la Costa Subtropical. La originalidad climática ha dado lugar a que algunos autores distingan una Alpujarra Alta, -coincidente con la ladera meridional de Sierra Nevada, donde se dejaría sentir el clima frío de la alta montaña-, Alpujarra Media, -con clima más matizado como consecuencia del abrigo de la depresión longitudinal-, y Alpujarra Baja, -con las influencias del clima suave y húmedo de la costa y donde se dan incluso los cultivos tropicales-. Pequeños pueblos blancos, con los balcones salpicados de flores, trepan por las pendientes aterrazadas e interrumpen el salvaje equilibrio de una naturaleza casi intacta. Cuando se pasea por sus senderos uno se encuentra con una gran diversidad de especies endémicas de flora y fauna. La Alpujarra es una de las comarcas andaluzas más singulares. La belleza de sus increíbles paisajes ha cautivado a innumerables artistas y escritores desde hace siglos. Por esta comarca pasaron Pedro Antonio de Alarcón, quien dejó escrito "La Alpujarra: sesenta leguas a caballo, precedidas de seis en diligencia", el primer libro de viajes escrito en castellano, pero también Federico García Lorca, Julio Caro Baroja, Virginia Wolf, el hispanista Gerald Brenan, Richard Ford o Antonio Gala. Han sido autores que se han visto cautivados por esta comarca, que tal vez sea una de las zonas que han servido de inspiración a un mayor número de libros de viajes. Además, pintores, poetas o músicos de gran renombre han buscado inspiración en esta tierra. El acceso a la Alpujarra ya no es tan complicado como hace unas décadas. Sus principales entradas son por la carretera nacional N-323, dirección Motril, y en esa misma carretera por Vélez de Benaudalla para llegar a Órgiva. Para poder visitar la Alpujarra es necesario establecer una ruta turística que sirva para poder profundizar en los aspectos más importantes de esta impresionante comarca. Son pueblos en los que todo merece la pena ser contemplado. Cualquier pequeña aldea o cualquier rincón de la naturaleza constituyen por sí mismos motivo más que suficiente para emprender un viaje a esta comarca que durante mucho tiempo vivió casi aislada. Las características climáticas de la Alpujarra están determinadas por su situación en el sureste peninsular, su disposición paralela a la costa y la existencia de grandes diferencias de cota en unas distancias relativamente cortas. Su situación genera una variedad climática que oscila desde el clima subtropical de la costa hasta la tundra alpina de las zonas más altas. Las máximas precipitaciones anuales se producen en otoño, con grandes contrastes entre las diferentes zonas de la comarca. Igualmente, se disfruta de una amplia gama de temperaturas. Tradiciones y folklore La Alpujarra es una comarca rica en tradiciones y folclore. Dentro del calendario festivo alpujarreño se celebran las tradicionales Fiestas de Moros y Cristianos en un buen número de poblaciones. Son representaciones teatrales de calle en las que participa todo el pueblo y en las que se conmemora la victoria del cristianismo sobre el islam, con gran despliegue de pólvora y tambores. En cuanto al folclore, existe una gran tradición en música de cuerda (laúdes, guitarras y bandurrias), sobre todo en la Alpujarra más serrana, que se ponía de manifiesto en bautizos, bodas, comuniones, reuniones, pasacalles, rondas y serenatas. Destacan también las llamadas "canciones de rueda y corro", "el enreíllo", o las "canciones de mecedores", que servían a mozos y mozas no sólo para demostrar las aptitudes y talle, sino también mostrar las preferencias o desdén hacia alguno de los concurrentes por medio de gestos y posturas "secretas". Pero, sin lugar a dudas, una de las manifestaciones más originales de la Alpujarra son los trovos alpujarreños. Partiendo de un tema cualquiera, dos troveros cantan estrofas replicándose el uno al otro. Estos versos surgen de forma espontánea y no preparada, puesto que se debe rebatir lo que ha cantado la otra persona. Una de las manifestaciones más singulares y atractivas de La Alpujarra es la fiesta del trovo. Sus orígenes habría que situarlos entre los siglos XI y XIII. En el arte de trovar, que es lo mismo que improvisar poesía dialogada, intervenían poetas cultos, conocedores del latín y mucho más de la lengua vulgar. La poesía trovadoresca, ya muy transformada, aún pervive y La Alpujarra puede ser considerara hoy como uno de sus reductos más privilegiados y singulares, figurando la Contraviesa y sus blancas cortijadas como lugares en los que mejor se han conservado las ancestrales manifestaciones del trovo. Para ser trovador se necesita poseer cualidades y aptitudes innatas, como imaginación, agilidad mental, capacidad de observación, fluidez verbal, dominio del lenguaje, sensibilidad y gracia. La danza y el baile son dos expresiones características y definitorias del folclore alpujarreño. El baile es sin duda la manifestación rítmica más personal y acusada del modo de ser de los hombres y las mujeres de la comarca. Cada comarca, pueblo, cortijo o lugar tiene su baile o danza característico. En Murtas, por ejemplo, el baile comprende dos pasos muy distintos. Uno se llama el "robao", en el que los bailaores se quitan las parejas y el otro la "mudanza". Se realizan por parejas o por grupos de mozas. Resulta muy difícil la ejecución de esta última danza, ya que exige del "cortejador" dar grandes saltos alrededor de sus compañeras, con una agilidad y destreza consumadas. También son muy populares los "fandangos alpujarreños". En Ugíjar y en La Alpujarra almeriense se han conservado muchas de las tradiciones folclóricas más entrañables y singulares que vivieron en la zona las generaciones precedentes. Las fiestas de la matanza, de las ánimas -a cargo de una Hermandad encargada de recoger dinero y productos para los pobres-, los bailes de puja, los rosarios de la aurora o fiestas carnavaleras son algunas de las tradiciones festivas que más han perdurado en la comarca. En la Alpujarra el rico y variado folclore ha llegado hasta nosotros heredado de hispanoromanos, mozárabes, bereberes y repobladores. De ellos también se ha heredado un rico patrimonio artístico. Los viejos telares en los que se hilaron y tejieron la lana, el lino y la seda de la comarca son un ejemplo, pero también están los antiguos hornos y ruedas de alfarería que durante siglos produjeron numerosos ejemplares de cerámica popular, como cántaros, tinajas, botijos, pucheros, lebrillos y orzas. Y no sólo las labores artesanas se han conservado desde el pasado en la Alpujarra, sino también una rica gastronomía. La Alpujarra es famosa precisamente por sus platos, dulces y productos. El cruce de las tradiciones musulmanas y cristianas se ha hecho notar especialmente en el apartado culinario, creándose numerosos platos. El principal producto gastronómico de la comarca es el jamón -famosísimos son los jamones que se curan en Trevélez, a gran altura y con el aire serrano-, pero también destacan mucho los embutidos caseros y la repostería. Dada su localización, la cocina alpujarreña es bastante abundante en calorías, destacando el famoso plato alpujarreño compuesto de jamón, morcilla, longaniza, huevo y "papas a lo pobre" con pimientos fritos. También destaca la sopa alpujarreña cocinada con ajo y almendra, las migas camperas, los pucheros, el choto a la cortijera, las habas con jamón, el lomo de orza, la trucha alpujarreña o la perdiz en escabeche. También son famosos los vinos de la Contraviesa, como el de Albondón y el de Abuñol. Son caldos que no suelen comercializarse en grandes cantidades, pero son muy apreciados por cuantas personas tienen el placer de probarlos. En cuanto a la repostería, destacan los huesos de santo, los dulces moriscos, los soplillos, los buñuelos de chocolate, las yemas, los roscos o la miel. Productos de la Alpujarra La Alpujarra es una comarca rica en productos propios. Desde la producción artesana, que sigue conservando las raíces de siglos atrás, a los productos que la propia naturaleza de la comarca origina, la Alpujarra es rica y variada. La artesanía alpujarreña es muy rica y, sobre todo, variada. En la comarca aún se mantienen tradiciones y modos de trabajar heredados desde hace muchos siglos. La realización de labores artesanas en la comarca no sólo ha sido una manifestación cultural del pueblo, sino que ha ayudado en gran medida a amortiguar los efectos negativos que producía el aislamiento y la autosuficiencia, a veces obligada, de los pueblos. Durante mucho tiempo, todo lo que un hogar necesitaba se debía realizar en la comarca, desde las ropas o utensilios de trabajo diario a la propia producción gastronómica. Aunque, por fortuna, estas necesidades ya han pasado a la historia, en La Alpujarra se han mantenido muchas formas artesanas y tradicionales. Hoy día, debido esencialmente a la aparición de las nuevas corrientes turísticas, que estiman en gran medida los trabajos y el arte local, se está llegando a una paulatina recuperación de algunas de las labores. Es el caso, por ejemplo de la tradición del telar alpujarreño, con sus coloridos y admirados tejidos que combinan lana de diferentes colores en franjas horizontales de varios anchos y que pueden ser lisos o con dibujos que reproducen motivos populares como granadas, gallos, flores, pájaros, etc. Actualmente las composiciones textiles más populares son las jarapas multicolores y las alfombras de "mota", cuyos diseños se remontan a la época árabe. Se intenta también recuperar la elaboración de tapices. Las jarapas antiguamente se confeccionaban con los restos de ropas viejas, que al hacerlas jirones y tejerlas daban lugar a tejidos de gran colorido muy funcionales. Actualmente se utilizan fibras textiles como el algodón, fibras sintéticas y lana de diversos colores. La alfarería también ha tenido siempre una gran importancia. Aún quedan algunos hornos de leña que se remontan a la época islámica. Todavía es posible encontrar en la Alpujarra las piezas de cerámica de herencia nazarí, abarcando variedades como la andalusí, la de reflejo metálico, la de cuerda seca o la más propiamente granadina. Los colores más representativos son los verdes y azules y con ellos se trazan estilizadas líneas que realzan la silueta de las granadas, pájaros y flores. Azulejería, cántaros, platos, jarras o multitud de utensilios para el hogar son las piezas más realizadas. Pero no son éstas las únicas labores artesanales desarrolladas en la Alpujarra. Aunque la mecanización de la madera ha llegado también hasta la Alpujarra, aún quedan artesanos que hacen mesas, sillas, alacenas, plateros, cantareras y otros muebles siguiendo la tradición heredada de sus padres. La artesanía del esparto actualmente la realizan algunos ancianos, más como una afición que para la obtención de rentas. En este material hacen alpargatas, serones, espuertas, fundas para las botellas, paneros, etc. Es una técnica artesanal muy antigua, ya que no hay que olvidar que en la Cueva de los Murciélagos se encontraron unas alpargatas de esparto. También el trabajo de la mimbre pervive en manos de algunas familias que transmiten este arte manual de generación en generación, realizando cestos, sillones, mesas, etc. Agricultura Pero entre los productos alpujarreños no sólo destacan aquellos en los que la mano del hombre es fundamental. La agricultura ha tenido siempre un gran protagonismo, debido a las peculiares características del medio agrícola. La construcción de bancales sujetados por balates de piedra hace que un territorio que sólo podría dedicarse a actividades forestales o ganaderas se haya convertido con el paso de los siglos en una zona netamente agrícola. La pericia en la captación y reparto del agua de las cumbres hacia las zonas bajas ha permitido desarrollar una agricultura de regadío de un gran nivel productivo. La combinación de actividad ganadera y agrícola ha posibilitado mantener, además, un buen nivel de fertilidad. El trabajo cotidiano de agricultores, a lo largo de la historia y prehistoria, ha hecho de esta tierra una fuente de productos agrícolas de alto interés, tanto en el ámbito cualitativo como cuantitativo. La presencia de espacios muy diferentes, motivados por la fisiografía del territorio junto al manejo del agua, permite cultivar una amplia gama de variedades hortícolas y frutales. Últimamente, también están tomando gran auge los denominados ecocultivos o plantaciones de agricultura ecológica. Al hablar de la agricultura en la Alpujarra no hay que olvidar mencionar el extraordinario papel que han tenido las acequias que recorren sus laderas en todas direcciones y altitudes. Esa relación es tan fuerte que sería muy difícil imaginar una Alpujarra sin este ir y venir del agua por las laderas de Sierra Nevada. Toda la infraestructura de regadíos se debe al esfuerzo continuo del hombre desde épocas remotas, debido a la necesidad de abastecimiento para los cultivos en una zona en la que las precipitaciones estivales son muy escasas. Básicamente, el sistema se basa en retener el mayor tiempo posible las aguas del deshielo de Sierra Nevada para su utilización posterior en la estación veraniega. El método para retener estas aguas es favorecer las filtraciones en unas zonas muy concretas, realizando el llamado careo, en primer lugar en los borreguiles y en segundo lugar, y más abajo, en otros pastizales, zonas de arboleda e incluso dirigiendo el agua hacia zonas de fractura y calizas, denominadas en algunos pueblos simas guiaderos para que recarguen acuíferos y reforzar fuentes y manantiales inferiores. Las acequias tradicionales poseen un papel imprescindible en el mantenimiento de los ecosistemas de Sierra Nevada. Dentro de la agricultura tienen también su papel destacado las plantas medicinales. En La Alpujarra ha existido una antigua e importante tradición etnobotánica reflejada en el aprovechamiento directo de su flora a nivel medicinal, alimentario, condimentario, aromático, de tradición, religioso, etc. En las altas cumbres de la comarca existen más de 40 endemismos nevadenses y unos 200 endemismos peninsulares. Su uso tradicional ha sido frecuente desde el Neolítico, pero debido al abuso en su recolección en épocas recientes y al afán de botánicos de todo el mundo por tener en su colección plantas únicas, se ha llegado a la práctica extinción de algunas especies. Entre ellas destacan plantas como la lunaria menor, la manzanilla de la sierra, la hierba del mal dolor, la piel de león o la flor de árnica. (*) Información recopilada en http://www.ideal.es |
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